martes, 15 de diciembre de 2009

¿Salís del teatro y tenés hambre? Los mejores lugares para comer

martes, 15 de diciembre de 2009

¿Dónde ir cuando "pica el bagre"?

a algún teatro de la Avenida Corrientes y después salir a cenar es un programa clásico de Buenos Aires, a diferencia de otras capitales del mundo (como Nueva York) donde se suele cenar temprano, antes de la obra. Lo cierto es que, por más tentador que suene el plan, muchas veces naufraga por diversos motivos: el lugar elegido cierra temprano, tiene comida fea, o con la excusa de “ser un clásico” no cambia el personal ni limpia las mesas desde los años 60.

Top 10 de Planeta JOY

1. Sattva, después de “Caperucita (Un espectáculo feroz)” en el Multiteatro (Corrientes 1283)
Después de ver la carnívora obra de Javier Daulte lo último que vas a querer será clavarte un churrasco. Entonces nada mejor que asomarse a este local de conciencia vegetariana y una onda “off Corrientes”. Cazuelas, frijoles, mucho arroz yamaní y trigo burgol en un ambiente amigable y distendido. También hay sándwiches con pan integral y opciones con acento mexicano: burritos, tacos y quesadillas. Están de martes a domingo hasta la una de la mañana.
(Montevideo 446 / T. 4374-5125)

2. Bodega Campo, después de “Frankie & Johnny en el Claro de Luna” en el Teatro Picadilly (Corrientes 1524)
Esta historia de amor protagonizada por Florencia Peña y Luis Luque transcurre en una cocina donde en cierto momento cocinan un omelette en vivo. Casualidad: en Bodega campo también manda una pareja: Mariana y Joe. La coincidencia, sin embargo, es lo de menos. Lo que vale son los sabores argentinísimos, pero con un saludable intento de innovar. Grandiosos el pollo Mariana (pechuga con panceta, aceitunas negras, especias y salsa de naranja al oporto) y la bondiola Bodega Campo (acompañada de manzanas). Si no, hay locro, lentejas o un imperdible pastel de papa al romero. Para el postre, ineludibles los sabores norteños como el quesillo con miel de caña o dulce de cayote. Los precios son accesibles y la cocina está abierta hasta las 3 de la mañana los viernes y sábado. Los jueves, cuidados: hay show en vivo.
(Rodríguez Peña 264 / T. 4371-0225)

3. Lalo de Buenos Aires, después de “Rey Lear” en el Teatro Apolo (Corrientes 1372)
Dramaturgia y gastronomía de calidad garantizada. Aunque no lo parezca, del teatro clásico de William Shakespeare a la cocina tradicional porteña hay unos pocos pasos. Todo es cuestión de caminar tres cuadras hasta Lalo, que cumple con todos los códigos del buen bodegón: platos porteñísimos, porciones abundantes y precios accesibles, donde se destacan los cortes de carne a la parrilla. La ambientación es tanguera y comés custodiado por cuadros de los grandes próceres del 2x4. Si bien algunos días que se puede hacer avistaje de famosos, el gran espectáculo es ver a los mozos “pescar” los vinos de los estantes que están a más de dos metros de altura.
(Montevideo 353)

4. Pippo, después de ver “Gorda” en el Paseo La Plaza (Av Corrientes 1660)
¿Qué decir de Pippo que no se haya dicho hasta ahora? Es como buscar nuevas palabras para hablar de Buenos Aires. Aunque -al igual que el Boca River- haya conocido épocas mejores, Pippo es un clásico es un clásico, y su fuerte siguen siendo las pastas. No hay nada mejor después de ver la obra de Neil Labute que zamparse sin culpas unos vermichelis con tuco y pesto y mandar todas las dietas a ya sabés dónde.
(Montevideo 341 / T. 4374-0762, y sucursales)

5. Zum Edelweiss, después de ver “Arráncame la risa” en el Teatro Broadway (Corrientes 1155)
Otro clásico, pero en clave retro. Ir a Edelweiss es como encender la tele en los años ochenta. Por sus mesas se pasean señoronas envueltas en animal print y famosos en diversos niveles de decadencia. Un clima que se presta para la conversación Cholula luego de ver la obra de Nito Artaza, Pamela David, Valería Lynch y otras grandes figuras de nuestras tablas. Los mozos deberían tener su propio show, pero cuando llega el pedido el espectáculo pasa a estar en los platos. Ideal para comerse un jambonón con chucrut u otros clásicos alemanes. Otra buen propuesta es pasar antes de la obra y pedirte una cervecita tirada: dan cátedra en el uso de la choppera.
(Libertad 431 / T. 4382-3351)

6. Chiquilín, después de ver “Francella en El joven Frankenstein” en el Teatro Astral (Corrientes 1639)
En la puerta sobresale un cartel con la cotización del Dólar y del Real, así que no es difícil imaginar que los precios son casi los que uno pagaría si tuviera que comer en la auténtica Broadway neoyorquina, donde también está en cartel esta obra de Mel Brooks. Para darte una idea, las empanadas están a 7 pesos y podés gastar unos $120 per cápita. Aún así, lo cierto es que Chiquilín es uno de esos clásicos que nunca fallan para llevar parientes que viven en el exterior o gente de negocios. Desde 1927, ofrece un bife de chorizo único en la ciudad. Dato útil #1: a través de su web podés obtener un 10% de descuento. Dato útil #2: hay dos horas de parking gratis en el estacionamiento de Paseo la Plaza.
(Sarmiento 1599 / T. 4373-5163)

7. Arturito, después de alguna obra del Teatro Broadway (Corrientes 1155)
Así como en este teatro es difícil decidirse entre alguna de las siete obras que hay en cartel, en el restaurante es imposible elegir un plato en menos de cinco minutos. La cantidad de opciones disponibles es abismal. No es para indecisos, aunque los mozos son pacientes y ayudan a elegir. Los platos se suman a la tradición porteña de recargar la comida y convertirlas en bombas de tiempo a base de agregarle más y más ingredientes (más crema, más morrón, más huevo), pero por suerte siempre hay un buen vacío al horno con papas o una corvina a la parrilla para cerrar la noche con una sonrisa. Espectadores intelectuales abstenerse: la carta, junto con la descripción de los platos, incluye una sucesión de errores ortográficos que quita el apetito.
(Av. Corrientes 1124)

8. Cruzat, después de ver “Cómico Stand Up 4” en el Paseo La Plaza (Corrientes 1660)
Hay un remedio infalible para los bajones anímicos que ningún libro de autoayuda menciona: un buen show de humor y después una picada con unas cervecitas.
Cruzat, con su amplísima variedad de birras artesanales y tiradas, es un gran lugar ideal para el after show cómico. Hay tapas, pizzas, tablas de fiambres y quesos, como para hacer base y luego darle tranquilo a la degustación cervecera. El plan perfecto es en modalidad “salida de amigos”. Si buscás intimidad en una primera cita, enfilá hacia otro lado.
(Sarmiento 1617, dentro del complejo Paseo La Plaza)

9. La Churrasquita, después de ver “Más respeto que soy tu madre” en el Metropolitan (Corrientes 1343)
Gran lugar para ir con tus viejos después de ver la obra de Antonio Gasalla. A pesar de sus luces dicroicas, el espíritu es el de un bodegón y la atención es muy esmerada, así que tu suegra no se va a quejar. Aquí se impone un matambrito criollo o un cordero patagónico, aunque el menú es extenso y contiene los grandes éxitos de la porteñidad culinaria. Para cerrar la jornada, nada mejor que probar el tiramisú de la casa, es groso en serio. El dato útil: de miércoles a sábado están abiertos hasta las 3am.
(Corrientes 1220 / T. 4382-9466)

10. Las Cuartetas, después de un recital en el Teatro Gran Rex (Corrientes 857)
Aunque los fanáticos de Guerrín salgan a defender sus muzzas, está combinación es infalible. Después de un recital en el Gran Rex corresponde ir a Las Cuartetas. No importa si acabás de ver el show minimalista de Cat Power o la pachanga del Puma Rodríguez, para que la noche tenga un broche de oro hay que cruzar la calle y entregarse a esas legendarias pizzas al molde, chorreantes y enchastrantes. Y aunque los mozos a veces estén con cara de pocos amigos y uno se termine llevando el olor a pizza en la ropa, la satisfacción está garantizada.
(Corrientes 838 / T. 4326-0171)

Fuente: PlanetaJoy

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